“Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración”.

Nikola Tesla

Que todo es energía vibrando, latiendo, pulsando, siempre fue un hecho innegable ante los ojos de Dios.

Al ser humano, le tomó algún tiempo más admitirlo y hay quienes, inclusive en estos tiempos, aún siguen sin comprender del todo que no existe ninguna grieta entre lo que es materia y lo que no. 

A lo largo de mi vida, mi profesión y mis actividades, me han dado la oportunidad de conocer a muchas personas con las que he tenido el gusto de compartir gran parte de lo que he ido comprendiendo y aplicando acerca de nuestra verdadera esencia, de cómo funciona el universo, que todo es energía, que la podemos fácilmente utilizar y más. 

Varias veces me he encontrado en la situación de tener que responder a la pregunta de: “¿por qué creo en esas cosas?” y otras tantas me he encontrado con quienes afirman “yo no creo en eso”, sin más.

Quizás en su momento no sabía exactamente qué responder.

Sentía que muchas de las cosas que venían a mí eran verdad aunque no lo terminara de comprender.

La mente obstinada seguía creyendo quizás que era una cuestión de fe. Pero hoy me atrevo a decir que no se trata de creer o no creer. Hay cosas que son un hecho.


La energía existe, la energía obedece a la vibración, tú eres energía y nada de lo que existe en este y otros mundos es ajeno a las frecuencias y a la vibración.

Lo que marca la diferencia es si lo comprendes o no.  


Lo más difícil suele ser reconocer que hemos vivido sumergidos en la ignorancia durante mucho tiempo. Ya sea por indiferencia, conformismo o temor. Pero salir de las garras de la ignorancia no depende de un golpe de suerte, porque nada tienen que ver las condiciones en las que cada uno haya nacido, tampoco las condiciones en las que cada uno se encuentre actualmente.

No importa si tienes acceso a bibliotecas, si has nacido en una familia instruida o en el último rincón del mundo alejado de la civilización. Creer que todos esos factores externos determinan nuestra capacidad de comprender la vida sería darle todo el poder de nuestra existencia a las parvas de libros, investigaciones y descubrimientos que pueden llegar a aportar algún conocimiento o instruir nuestra razón.


Pero entre el conocimiento y la sabiduría hay una gran y marcada diferencia. El conocimiento forma eruditos, la sabiduría es el don de nuestra esencia.


No se trata de desprestigiar a los libros ni a cualquier fuente de conocimiento - de otro modo ¿qué sentido tendría que estuviera escribiendo? -. El error sería que caigas preso de mis palabras sin pasarlas por tu discernimiento. 

Si un libro no es más que un tomo en tu biblioteca o un concepto erradicado en tu memoria, puede que tengas algo de conocimiento, aunque no necesariamente tendrás sabiduría.

Pero si un libro despertó en ti la pregunta, agitó en tu corazón el deseo de verdad y te impulsó a la búsqueda de saber más, ha despertado al sabio.

El rol de los libros o de cualquier fuente externa de conocimiento siempre será útil y valiosa en tanto y en cuanto despierte en ti al sabio dormido, lo cual lo logras filtrando todo lo que llega a ti utilizando tu discernimiento. 

Sin embargo, no siempre será necesario acudir a algo externo. La Sabiduría se cultiva a diario en nuestro andar cotidiano, en nuestra observación. Incluso hay quienes nacen con el recuerdo de ella y dedican su vida a que otros también la recuerden.

De cualquier manera, la Sabiduría es un atributo divino que todos lo tienen y tú eliges despertarla o no.


Hoy cuando alguien me pregunta si creo en la energía o si creo en Dios, le respondo que no. No creo en la energía, no creo en Dios. Sé que existe la energía, Sé que existe Dios.

Cuando amplias tus capacidades fuera de los límites que te habías autocreado, las cosas dejan de ser una cuestión de creencia, se transforman en comprensión.  

Así que recuerda. Creer o no creer, esa no es la cuestión.

No se trata de vanidad ni de auto vanagloriarse diciendo “yo no creo, comprendo” intentando demostrar una especie de coeficiente más desarrollado. Si ese fuera el caso seguiríamos estando encapsulados en una mente egoica que sigue actuando por incomprensión.

Para entender las verdades universales y eternas que rigen este universo, a nosotros mismos y a toda la creación, nuestro raciocinio no es suficiente, si no unimos a nuestra mente la certeza del corazón. 

Comprender la verdad requiere comprometernos con nuestra vida entera a lograr esa comprensión. No por prestigio ni honores, sino para que con humildad y fortaleza, esa verdad nos haga libres. 

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