Me atrevo a decir que el título de este escrito te ha parecido un poco raro. Sin embargo, se que sólo bastarán algunos ejemplos para que la palabra te empiece a sonar familiar.

"Se lo tomó estoicamente"
"Se comportó como un estoico"
"Y ahí estaba, estoico esperando el resultado"

Todas expresiones para referirse a alguien que básicamente "se la bancó".

Ésta, así como tantas otras expresiones que incorporamos a nuestro vocabulario, tiene un origen filosófico y si captas su esencia, estoy segura de que llegarás a amar a los filósofos que la divulgaron, tanto como yo.


Estoicos: Los filósofos del pórtico

Hace mucho tiempo atrás, 300 años A.C, en un lugar llamado Stoa , un grupo de filósofos conocidos como los estoicos, acordaron que se reunirían periódicamente con el fin de encontrar la clave para alcanzar la felicidad

Como buenos buscadores de la verdad y fieles amantes del saber, se dieron cuenta de que esta clave no podía estar detrás de fórmulas complejas, sino más bien, en las cosas más simples. Esas que de tan obvias, a veces pasan desapercibidas. 

Partiendo de eso declararon:

La clave para ser feliz está en vivir de acuerdo a la naturaleza del todo, que al fin de cuentas, es la misma que la de cada una de sus partes. 

Gracias a ese entendimiento, el ser humano empezó a ser considerado como un microcosmos dentro del gran cosmos de la creación.

Es decir, nada alberga dentro de sí que al mismo tiempo no esté presente en la totalidad.

Como es adentro es afuera, dice la Gran Ley

Lo que sientes que está "fuera" es porque aún no comprendes como integrarlo desde una lógica meramente humana.

Pero, si te encuentras con un estoico te dirá: todo nace de ti y todo es parte de ti.


Al alcance de la mano

Según esta filosofía, quien quiera entender cómo funciona verdaderamente el universo, no necesita viajar al espacio ni recorrer grandes distancias; tiene muchas opciones a la mano.

Cierra los ojos o contempla una pluma.
Mira una estrella u observa tu respiración.
Siente la tierra o date un abrazo.

Ya lo dijo William Blake y más palabras sobran

“Para ver un mundo en un grano de arena y un paraíso en una flor silvestre, sostén el infinito en la palma de la mano y la eternidad en una hora".

En palabras simples,

Cuando empiezas a contemplar y a valorar las pequeñas cosas que te rodean, tu conciencia se amplía enormemente y comprendes que no eres tan distinto como creías a todo lo demás.

Quien se sabe parte del todo, se homologa al ritmo de la naturaleza, un ritmo incesante y a la vez tranquilo en el que sólo se vive en la plenitud del ahora.

Quien vive estoicamente abandona la incansable búsqueda, porque se da cuenta que vaya donde vaya nada le será ajeno.

El mundo se ha convertido en su hogar y al mismo tiempo él es el hogar del mundo.

Ya nada lo perturba, nada le roba el tiempo. Todo lo tiene al alcance de sí mismo y no necesita de nada externo. Ya se sabe completo.

Quien vive al ritmo del Uno no sólo entendió la vida, sino que se comprendió a sí mismo.

Sumergido en esta esencia, imposible no ser feliz.

Te leo en los comentarios y si quieres saber más de estos filósofos, házmelo saber 😉

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